martes, 25 de marzo de 2014
Como si por empezar el año
Acabo de terminar Inside Llewyn Davis y, si bien no era la maravilla con que la prensa me engañó (para variar) hay al menos dos escenas significativas: cuando el tipo grita "Odio la música folk" y cuando retorna donde la pareja buena onda que lo alojó como si estuviera despertando de una pesadilla.
La primera, es un desahogo ante la total falta de conexión con la gente. Algo que le había advertido el manager al que le muestra su canción en Chicago. Algo le pasa, que por más que vomite sus canciones a los demás, el resto no reacciona. Su impotencia ante el respeto con que escuchan a otros cantantes más impostado, termina en un acto de "odio a la música" digno de Pacal Quignard.
Lo segundo, y que coquetea con la idea de la redención es simplemente (o así lo entendí) la reconstrucción de la historia desde el momento que comenzamos a verla. Aunque, lo del gato me hace creer que si, es posible repararlo todo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario